Para sobrevivir toda yo fui un armario.
Hoy ya no soy el armario, pero lo conservo.
Hoy, saco y meto objetos, pensamientos, plumas, colores, risas, llantos olvidados y recuperados, emociones escondidas, el dolor de espalda, los malos y los buenos pensamientos, los corazones más vivos, las ideas más peregrinas, el tumulto de la sangre y los orgasmos ganados y perdidos. El tiempo con mi hija y la búsqueda de todos los amores, las polillas del pasado, la luz de presente, deseos audaces, miradas cobardes, distancias enormes, cortas y justas.
Todo lo meto y lo saco en este armario sin fondo,
a veces grito y el eco del vacio imposible suena.
Pero sobre todo hoy saco y meto la compasión y el perdón,
los saco siempre para sobrevivir y para que no se agoten en mi